La Universidad Central regresó a las calles, pero fue una protesta pacífica
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jueves, 21 de marzo de 2013
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La Universidad Central retomó la movilización de sus estudiantes, docentes, autoridades y trabajadores como recurso de protesta. Lo hizo luego de casi tres años. La última gran marcha llegó a la Asamblea, en junio del 2010, con el objetivo de que se reformara la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES). En la marcha de ayer, sus portavoces exigieron ajustes a esa normativa y además al Reglamento de Escalafón Docente, aprobado en noviembre del año pasado, que dispone la jubilación de todos los profesores que cumplan 70 años de vida.
Otra vez, en la Pileta de la Indoamérica, que es parte del campus de la Central, se concentraron los universitarios con consignas a favor de la autonomía. En el recorrido, que avanzó desde la calle San Gregorio y av. 10 de Agosto, al Consejo de Educación Superior (CES), en la av. República (norte de la ciudad), a través de altavoces se reiteraba que esta era una nueva etapa, de movilizaciones pacíficas.
El decano de la Facultad de Jurisprudencia, Walter Martínez, afirmó que no son aliados ni contrarios al Gobierno. "Tampoco garroteros, venimos con ideas para debatir". Un par de tamborileros encabezó la caminata que copó de gente, casi seis cuadras. Se podía observar a estudiantes de la Facultad de Artes con una presentación al aire libre. Un joven mantenía amarrada, con una soga, a una muchacha, para mostrar la represión sistemática de algunas leyes. "Nos parece extraño y hasta chistoso que la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE), tan vinculada al Gobierno, esté con nuestras ideas.
Es una plataforma para las próximas elecciones", dijo uno de los actores, Gabriel Erazo. El rector Édgar Samaniego, cuya administración ha sido calificada de "cercana al Gobierno" por el Frente Revolucionario de Izquierda Universitario (FRIU) -al que él derrotó en el 2008- y otras facciones de la casona, reflexionó sobre la razón por la cual emprendieron la medida. Salir a las calles -dijo- permite que el pueblo conozca las dificultades que atraviesan y a fin de que se asocien a ellos, lo cual es un "asunto estratégico de sobrevida para la institución". El pasado lunes, en la sesión por los 187 años de la Central, el Rector mostró con datos el vuelco que ha dado a esta institución. Sin embargo, hay sectores políticos internos que no respaldan del todo este cambio.
En la marcha, algunos estudiantes aclaraban, sin que se les preguntara: "No somos chinos (del MPD) ni cochinos" y con un megáfono criticaban al movimiento del Rector, Nueva Universidad, y a Carlos Torres, presidente de la FEUE. Ellos y varios militantes del FRIU enfrentaron ayer a los de Nueva Universidad, y quemaron una de sus banderas blancas, mientras las autoridades eran recibidas por el Consejo de Educación Superior. Samaniego descartó que a través de la marcha se intente enviar algún mensaje al Gobierno. "No estamos en función política sino académica", respondió.
Pero otra es la visión del ex diputado de Pachakutik, Napoleón Saltos, director del Instituto de Capacitación de la Central. Él comentó que se busca una respuesta pública porque a pesar de haber mantenido varias reuniones reservadas con el Consejo de Educación Superior, presidido por René Ramírez, no se ha visto una salida. Esta universidad perdería unos 900 maestros hasta el próximo año (de una planta con nombramiento de 1 500), en función de varias disposiciones vigentes.
Pero Ramírez informó el martes que no había límite presupuestario para contratar al número de maestros que las universidades requieran en este período de transición por las jubilaciones. El Gobierno tiene un presupuesto de USD 75 000, por docente extranjero que sea contratado, dentro del llamado Programa Prometeo. El maestro vivirá un año en el país. "Con trasplantes extranjeros no van a salvar a la universidad. Ese es el modelo de (Gabriel) García Moreno que ya fracasó. No nos oponemos al relevo generacional, pero la transición con nuestros propios docentes debe tomar al menos cinco años", resaltó Saltos. Teresa Ayabaca, decana de la Facultad de Ingeniería, tiene PhD.
Ella lo consiguió tras siete años de estudio en la ex Unión Soviética. Pero está preocupada porque "la carrera de Ingeniería Civil está al borde de cerrarse; nos faltan mínimo 40 maestros". Para ella, es preciso que exista un tiempo prudencial para contar con maestros con posgrado. Marcelo Cevallos, uno de los vocales del CES, dijo a la prensa que analizarán en esta semana la posibilidad de hacer ajustes a los plazos del Reglamento de Escalafón Docente, para que a los maestros, por contrato se les pueda mantener por más de dos años. Pero recalcó que a esta entidad no le corresponde reformar la LOES, que establece la necesidad de tener PhD. Este es un requisito fijado por la Ley del 2000.
Y en respuesta a Ayabaca dijo: "Es inadmisible que una facultad con más de 50 años, como Ingeniería, no haya organizado un posgrado para sus propios profesores". En blanco y negro Las siete universidades públicas de categoría A, hasta el momento, solo han solicitado 299 profesores extranjeros, dentro del llamado Programa Prometeo.
El Gobierno, según la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, cubre todos los gastos de vinculación de los maestros extranjeros, por fuera del presupuesto entregado a las universidades. Entre el 2012 y 2013, la inversión del Estado en prometeos es de USD 8,3 millones.
Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO
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