60 000 esmeraldeños están en riesgo


Antes de ser enterrada por el alud, Rosario Salazar había rodeado con los brazos a su bebé de seis meses. Sus cuerpos aún estaban en esa posición cuando fueron halladas ayer por los socorristas, en medio de los escombros. 300 metros cúbicos de tierra y lodo se deslizaron de una pared montañosa sobre su casa y otras dos que estaban al pie de la elevación, en el recinto Tabete (Esmeraldas). 


Está ubicado en la parroquia Chinca, en el kilómetro 25 de la vía Esmeraldas - Quinindé. Según el Municipio de Esmeraldas, 13 personas habrían fallecido. Hasta ayer por la tarde se recuperaron siete cuerpos. Salazar, de 16 años, vivía con su esposo Luis Alcívar, de 25 años. La pareja había llegado al poblado hace 2 años y se dedicaban a la agricultura y la cría de aves. Mariano Alcívar, hermano del esposo, asegura que en cada invierno, el acceso al recinto se afecta por los deslizamientos y las lluvias. 

“Pero nunca creímos que ocurriría esta desgracia y que toda mi familia fallecería”. Él tuvo que reconocerlos ayer y enfrentar el ‘shock’ del momento. “Yo les propuse que dejaran el recinto, por lo riesgoso, pero el dinero no les alcanzó”.

Entre los escombros se hallaron ropa, medicamentos, colchones y las tablas con las que estaban construidas las tres casas. Cecilia Gaspar, una de las vecinas del lugar, aseguró que antes del deslave se escucharon ruidos en la montaña. Y a las 22:00 de anteayer el poblado se alarmó porque el suelo tembló levemente. “Oímos un gran estruendo y enseguida nos quedamos sin luz. 

Quisimos ir, pero estaba muy oscuro. La Policía y Bomberos recién entraron a las 04:00 de ayer”. Según el ingeniero civil y ex constructor de carreteras, Wilson Fierro, el terreno de Esmeraldas es arenoso y con la lluvia se erosiona. Esto ocasiona deslizamientos de gran magnitud. Además, por las condiciones geográficas, el cantón es propenso a desastres naturales. Hay alrededor de 18 sectores que viven en sitios como laderas o cerca de las riberas del río Esmeraldas, que abarca unos 20 000 kilómetros cuadrados de longitud. 

Según el Municipio, de los 200 000 habitantes del cantón 60 000 viven en zonas de riesgos. Los sectores más propensos a deslizamientos de tierra son La Guachara, El Faro, Cocoi, La Colectiva y Las Palmas. Ahí, el Municipio ha construido un sistema de drenaje y paredes de hormigón. 

Por eso en este invierno no se han dado hasta el momento emergencias. Recinto Chinca, abandonado Lo ocurrido en  Tabete puso en evidencia las condiciones en las que viven los pobladores de ese recinto perteneciente a la parroquia Chinca. Lo habitan 150 personas. No tienen servicio de agua potable, alcantarillado ni vías en buen estado. “No podemos ni preparar alimentos por la falta de agua. Debemos abastecernos de una vertiente natural, pero cuando llueve el agua baja con lodo y plantas y no se puede consumir”, dice la pobladora Cecilia Gaspar. Ella afirma que no hay centros médicos en la parroquia y que deben salir en una crisis hasta Viche o San Mateo, que están a 25 minutos del poblado. 

El alcalde de Esmeraldas, Ernesto Estupiñán, aseguró que a través del Comité de Operaciones de Emergencia se solicitó la declaratoria de emergencia para poder llegar con ayuda a los afectados. Pero hasta el cierre de esta edición no se había obtenido respuesta por parte del Gobierno. “Es urgente la declaratoria, pero con presupuesto para un plan de evacuación para los sectores afectados. No alcanzamos a cubrir la demanda de emergencias”. 

El presupuesto del Municipio es de USD 14 millones anuales. Guillermo Prado, de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, dijo que se atiende la emergencia con un grupo de técnicos y especialistas que son los encargados de evaluar la situación. “Estamos en alerta permanente”. En el 2011, el Cabildo hizo un estudio para determinar las zonas de riesgos y las posibles soluciones. Según Estupiñán se levantó un mapa de vulnerabilidad y se concluyó que se debían reubicar a las parroquias cercanas a las laderas, ríos y algunos lugares por donde cruza o se ejecutan los trabajos del Oleoducto de Crudo Pesado (OCP). 

De esa manera, evitar inconvenientes como el de Winchele, donde se derramaron 5 500 barriles de crudo. Entre estas poblaciones que necesitarían de una reubicación urgente, según Estupiñán, estaría la de Tabete. Aunque OCP aclaró que no existe relación entre uno y otro incidente. 

“La empresa puso a disposición de los organismos de socorro su maquinaria y personal para contribuir con la búsqueda de las personas que se encuentran desaparecidas y está atenta al soporte humanitario”. Sergio Castillo, morador del sector, asegura que desde hace 30 años cuando se levantó el poblado en ese recinto han tenido que sortear derrumbes e inundaciones. “Hasta hace 10 años el sector donde ocurrió la desgracia no estaba poblado y con el fenómeno de El Niño y los fuertes inviernos se deslizaba, pero no había víctimas”. 

El inconveniente -sigue- surgió cuando cinco familias se asentaron. Mariano Alcívar recuerda que sus parientes optaron por llegar al sitio porque no tenían trabajo y el campo les ofrecía la oportunidad de producir.   Pero su situación económica no mejoró como esperaban. Su padre Wilson Alcívar enfermó de tuberculosis y perdió la movilidad de su cuerpo.  “Siento mucha impotencia porque me imagino que no pudo correr para salvar su vida”. Mariano Alcívar se lamenta.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO 

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