Cinco milicias armadas son leales al chavismo
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10:07 a. m.
viernes, 12 de abril de 2013
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A unos 15 minutos del Palacio presidencial de Miraflores está el barrio 23 de Enero, en el oeste de Caracas. Una calle sube aún más en el cerro pero que pocas personas se animan a cruzar. Por encima un arco anuncia: "Bienvenido Colectivo La Piedrita". Se trata de una especie de frontera que marca el ingreso a una zona gobernada por uno de los colectivos armados más famosos de Venezuela: "Debo haber pasado hacia allá dos veces en mi vida", dice Félix, un taxista que hace 50 años que vive en 23 de Enero pero no se anima a cruzar del otro lado.
"Los colectivos son grupos paramilitares de izquierda con el aval del gobierno, que no hace nada ante ellos", dice el director del Observatorio Venezolano de la Violencia, Roberto Briceño León. "Durante años el Gobierno se ha dedicado a dar armas a grupos proclives, ahí entran los colectivos.
Los policías no pueden ingresar al 23 de Enero. Mientras, salen fotos con niños de 8 años con AK-47 al lado de un diputado", señala en referencia a unas imágenes que generaron polémicas hace poco. Briceño define a los colectivos urbanos como "brigadas de choque que en momentos puede utilizar el Gobierno" y se alarma por el riesgo que representan:
"Cuando tienes un arma y una moto y te parece insuficiente lo que te dan de dinero decides que tienes que hacer un dinero extra y se pasa al delito común". En las calles del 23 de Enero hay grafitis en favor del fallecido presidente Hugo Chávez y otras de La Piedrita. Sobresale una enorme pintura de Jesús sosteniendo en sus manos la Constitución y a su lado la Virgen de Coromoto con un rifle, patrona de Venezuela. En 23 de Enero hay 57 edificios con 150 departamentos que fueron construidos en la época del gobierno militar de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958).
Alrededor hay tres docenas de edificios más pequeños y el resto son casas que invadieron la zona en los últimos 50 años, trepando cerros y eliminando lo que fueron espacios verdes. Cuando cayó la dictadura, se decía que en esta zona se alojaban comunistas y los sectores de izquierda. Ahora, allí no entra la Policía porque no tiene jurisdicción y todo es controlado por los colectivos.
La ONG Poder Ciudadano realizó una denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos en torno a cinco colectivos armados (La Piedrita, Montaraz, Simón Bolívar, Los Tupamaros, Alexis Vive) que "públicamente habían exhibido armas de guerra sin la respuesta de punibilidad, averiguación penal o algún tipo de apertura de juicio".
"Es decir, veíamos cómo estos grupos armados estaban aceptados por el Estado, al margen de la ley, afectos ideológicamente al proyecto que lideraba Chávez", dice a DPA la directora de la ONG, Rocío San Miguel. ¿De dónde provienen las armas que utilizan? "Por acción u omisión por responsabilidad de las Fuerzas Armadas. No existe un registro de todas las armas que produce el Estado. Hay faltantes y podrían estar alimentando el circuito de armas ilegales para grupos armados al margen de la ley", señala. San Miguel destaca que los cinco colectivos denunciados funcionan en 13 kilómetros alrededor de Miraflores, razón por la cual se los llama "Los custodios de la revolución".
El sociólogo Luis Cedeño, director de la ONG Paz Activa, sostiene que los colectivos armados ejercen un control paramilitar ante la ausencia policial, ejercen una autoridad y se nutren de puntos de peaje cobrando dinero. "Controlan a los grupos delincuenciales, probablemente controlan el microtráfico de drogas de la zona y evitan que hayan mayores conflictividades", dice e indica que "una tarea que tiene el Gobierno que asuma es eliminar estos grupos porque se trata de un tema de seguridad nacional".
"Estos colectivos tienen sus líderes que pueden o no responder a un liderazgo político. Se ha visto que hay vínculos de esos líderes y algunos líderes de la revolución", acota Cedeño. Para el sociólogo, el riesgo de los colectivos pasa porque son personas que "atentan contra la seguridad nacional teniendo armas de guerra". El politólogo John Magdaleno cree que en el chavismo "hay conciencia" de la peligrosidad de los colectivos armados: "Tienen su actuación a la libre sin ninguna capacidad de control por parte de las autoridades".
El poder de estas 'guerrillas' urbanas Estos días las milicias armadas solo tienen una orden: llamar a la movilización por Nicolás Maduro, el delfín designado por el propio Chávez antes de morir el pasado 5 de marzo. Estos colectivos están ahora bien asentados en las calles y gestionan las "misiones bolivarianas", los programas sociales financiados por el chavismo con el petróleo.
Centros de salud donde hay médicos cubanos, aulas educativas dotadas con computadores, talleres, canchas de deporte y de juegos: todo pasa por estos leales al régimen. AFP 'Estos 100 días con Maduro han sido los peores' Politólogos y sociólogos coinciden en hablar de una fractura en la sociedad venezolana e identifican dos sectores que no se reconocen entre sí: los oficialistas y los opositores, que se sienten "excluidos", "ignorados" y "desatendidos" en sus problemas cotidianos.
En la Plaza de los Palos Grandes, una de las zonas más acomodadas en el este de Caracas, unos 200 vecinos están reunidos en apoyo al líder opositor, Henrique Capriles, que el domingo se medirá con el presidente interino, Nicolás Maduro. Creen que es su oportunidad para "volver a ser tenidos en cuenta". Esta parte de la sociedad, la otra cara de la moneda, se siente "perjudicada" por los 14 años de gobierno chavista: "Tenemos muchos problemas.
Todo es muy caro, no se consiguen medicamentos. No hay arroz, papel higiénico, leche... Es bien grave la situación", le dice a la agencia DPA Mai Linda Bastiansen, una estudiante de derecho de 42 años. "Estos 100 días con Maduro han sido los peores de la historia de Venezuela. Hay más inseguridad que nunca. Capriles es un hombre de Dios, Maduro es devoto de Sai Baba", afirma la mujer, que no encuentra virtudes en el chavismo.
Otra señora se queja de las trabas que impone el Gobierno para los que quieren comprar dólares para viajar al exterior. Marcos Rodríguez tiene 34 años y es licenciado en relaciones internacionales: "Necesitamos un cambio. Durante 14 años se dedicaron a hacer campaña pero no a resolver los problemas de la gente que cada vez son más. Lo único que han hecho es ganarse la simpatía de los pobres con cestas de comida". "Crece la inseguridad, hay más muertos. Sufrimos el desabastecimiento: no conseguimos pollo, carne, harina, leche. Las colas en los supermercados son larguísimas", lamenta. DPA
Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO
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