El G20 debatirá los desequilibrios globales en reunión de París


Francia anunció una ambiciosa agenda de reformas para su presidencia del Grupo de los 20 (G20), pero para el primer encuentro de alto rango, este viernes y sábado, París optó por temas de menor resistencia.

En la reunión de los ministros de Finanzas y jefes de bancos centrales de los 19 países avanzados y emergentes más la Unión Europea no se hablará de metas específicas para reducir los desequilibrios económicos globales.


En vez de ello, la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, se impuso el objetivo más modesto de conseguir establecer una serie de "indicadores".

"Propondremos una serie de indicadores a los países del G20, que serán más amplios que la sola medida de las balanzas de cuenta corriente", señaló Lagarde esta semana.

Estos datos incluirán las reservas monetarias, los déficits presupuestarios y los niveles de deuda soberana.

Una vez que haya un acuerdo sobre la forma de medir los desequilibrios, el siguiente paso será identificar los países que se alejan demasiado "de un sendero de crecimiento óptimo para la comunidad internacional" y presionarlos para que tomen medidas al respecto, según la ministra.

Desde la crisis financiera de 2008, el G20 se ha convertido en el principal foro de debate de la economía mundial y -desde el año pasado- en escenario de la disputa entre Estados Unidos y China por la cotización de las divisas. Washington acusa a Pekín de mantener su moneda artificialmente baja para mejorar sus exportaciones, mientras que el gigante asiático lo niega y afirma que las quejas estadounidenses son muestra de su proteccionismo comercial.

En la última cumbre de jefes de Estado y gobierno del G20 en noviembre pasado en Seúl, China y Alemania -otro importante exportador- derribaron una propuesta de Estados Unidos para reducir los superávits en la cuenta corriente.

Las tensiones sino-estadounidenses se relajaron un tanto gracias a la mayor recuperación de la economía norteamericana, pero los desequilibrios internacionales siguen dominando los análisis del G20.

El alza de los precios de los alimentos también emerge como una preocupación porque los valores del pan, el aceite y otros productos básicos podrían generar revueltas como las que se vivieron en varios países en desarrollo en 2008.

En torno a 1.000 millones de personas -una de cada seis en el mundo- no puede alimentarse de forma adecuada. Y los precios del pan fueron un elemento clave también en las protestas en Túnez y Egipto.

El presidente galo, Nicolas Sarkozy, ha pedido que se regulen los mercados de materias primas y que se establezca una tasa a las transacciones financieras internacionales para reducir la especulación, una de las causas del aumento de los precios de las "commodities".

Durante su presidencia Francia también quiere reformar el sistema monetario internacional y que se controlen más los flujos de capital.

Entre otras cosas, los países emergentes se quejan de que un sistema centrado en el dólar, como el actual, no tiene en cuenta su papel cada vez mayor en la economía planetaria. Hasta el próximo encuentro de los jefes de Estado y de gobierno en noviembre en Cannes, México y Alemania han recibido el encargo de proponer un nuevo sistema monetario.

Y Estados Unidos dijo esta semana que está abierto a las reformas. Un funcionario del Tesoro norteamericano indicó que su país apoya un papel de mayor control por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y reforzar los Derechos Especiales de Giro del organismo, una moneda de pago internacional denominada en dólares pero basada en una canasta de varias divisas.

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