El moderado que se radicalizó para liderar

La suya puede verse como la historia del hombre que se hizo a sí mismo, una trama que más de un director de cine transformaría en un éxito de taquilla: desde su asiento como chofer de colectivo, sin estudios superiores, Nicolás Maduro logró ascender hasta ser canciller, vicepresidente y ahora el hombre fuerte de Venezuela. 

Pero esta lectura liberal de su ascenso a la cima quizá no sea del gusto de un convencido marxista como Maduro, que idolatra desde siempre a los hermanos Castro, que militó en el sindicalismo del Metro de Caracas y que fue uno de los fundadores del Movimiento Quinta República (MVR), antecesor del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 


No cualquiera accede a los cargos de jerarquía a los que llegó Maduro en estos años. Para eso primero tuvo el instinto de acercarse a un hombre como Chávez, el militar con entrenamiento en paracaidismo y sueños revolucionarios, cuando este cumplía condena por su fallido golpe de Estado de febrero de 1992. En el acercamiento medió su pareja, la hoy procuradora general de Venezuela, Cilia Flores y entonces abogada defensora del teniente coronel. 

Luego del fracaso golpista, Chávez declaró que sus objetivos de tomar las riendas del país no se habían cumplido "por ahora", su famoso latiguillo. Pues bien, allí estaba Maduro, al pie del cañón, cuando el militar aún se encontraba en la cárcel, para ayudarlo a acelerar la historia al mejor estilo marxista y colaborar en el advenimiento de la revolución. Aunque, al final, con el triunfo de 1998, el de Chávez no sería un gobierno marxista, sino un populismo de nuevo cuño que cosechó discípulos en la región. 

"No le recomiendo a nadie que sea vicepresidente de la República" porque "no es cosa fácil aguantarme", bromeó Chávez al nombrarlo en ese cargo el 10 de octubre pasado, cuando sostuvo que Maduro había sido "un gran servidor público". Fue tres días después de su victoria ante Henrique Capriles, el candidato de la alianza de partidos opositores. Tanta lealtad le dio dividendos al "ex chofer de autobús", como no se cansaba de llamarlo Chávez entre sus íntimos, en una broma de familia que tenía tanto de humor como de condescendencia. 

A modo de testamento, cuando emprendía su último viaje a Cuba en diciembre, Chávez designó a su hombre de máxima confianza como su sucesor. "Si se presentara alguna circunstancia que me inhabilite para continuar al frente de la presidencia, Nicolás Maduro no solo en esa situación debe concluir como manda la Constitución el período, sino que mi opinión firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario, que obligaría a convocar elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente", señaló. 

Desde entonces Maduro, habitualmente moderado, radicalizó su discurso y endureció el tono en sus apariciones públicas, en un intento de acercarse lo más posible al discurso de liderazgo que solía exhibir el fundador del movimiento. En la primera de las dos apariciones que hizo por televisión, cuatro horas antes de conocerse la muerte de Chávez, se animó incluso a tomar una decisión que iba más allá de la de un mero administrador de puesto ajeno, cuando anunció la expulsión del agregado aéreo de los Estados Unidos. 

Tenía la misma seguridad y el mismo tono de amenaza con el que Chávez mostraba los dientes a sus presuntos enemigos. Incluso cerró el puño en un gesto desafiante de combate que la televisión se ocupó de destacar en primer plano.

De todos modos, carece del carisma de Chávez, y aún está por verse si tiene la capacidad de mando del caudillo populista. Ya parece historia su designación como Vicepresidente en octubre, y más aún su nombramiento como Canciller en el 2006.

Como jefe de la diplomacia, fue clave en la firma de acuerdos con China, Rusia, Bielorrusia e Irán, las alianzas que forjó Chávez en su proyecto de equilibrar fuerzas contra el "imperio".

En su función de Ministro de Exteriores también contribuyó a estrechar lazos entre los miembros del bloque de la Alba, la alianza de Chávez y sus principales socios en América Latina. Mientras tanto, Chávez, Maduro y el resto del gobierno cuidaron que la exportación de crudo a Estados Unidos, su enemigo número uno de cara a la tribuna latinoamericana, no decayera ni un solo barril. 

A falta de educación universitaria, los analistas coinciden en señalar que a Maduro le sobra, sin embargo, experiencia política y, sobre todo, fidelidad a la memoria de un hombre que fue su "maestro" y su "padre", como lo ha llamado.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO 

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